El Papa a los Colegios Pontificios: el pastor debe estar siempre a disposición de su pueblo

12. 5. 14

El Santo Padre ha pedido a los asistentes al encuentro de los Colegios Pontificios, tenido este lunes en el Aula Pablo VI;  que terminen la jornada frente al tabernáculo, delante del Señor. El Papa ha retomado la figura de la Virgen María: «la relación con la Virgen nos ayuda a tener una buena relación con la Iglesia: las dos son Madres» y «si no se tiene una buena relación con la Virgen» se termina como huérfano en el corazón. Para profundizar este aspecto, ha recordado un episodio sucedido hace 30 años, un diálogo entre él y dos profesores y catequesisas que presumían de haber «superado la etapa de la Virgen» para creer en Jesucristo. Francisco ha afirmado: «me quedé un poco dolorido, no entendí mucho. Esto no es madurez, ¡no es madurez! Olvidar a la madre es algo feo… Y, por decirlo de otra manera: si no quieres a la Virgen como Madre, seguro que la tendrás como suegra, ¿eh? (risas) Y eso no es bueno». (aplausos).

A continuación el Papa ha respondido a otra pregunta sobre el liderazgo de los pastores. Francisco ha afirmado que hay un solo camino parar alcanzarlo, el servicio. «Es verdad: cuando no hay servicio, no puedes guiar un pueblo. El servicio de pastor… El pastor debe estar siempre a disposición de su pueblo. El pastor debe ayudar al pueblo a crecer, a caminar».

Tomando el De Pastoribus de San Agustín, el Santo Padre ha indicado dos pecados de los pastores. Por un lado los «pastores empresarios» y los pastores que se creen superiores a su pueblo, «los pastores-príncipes». El Papa ha reconocido que es muy difícil quitar la vanidad de un sacerdote. Y ha observado que «el Pueblo de Dios te perdona muchas cosas», pero «no te perdona si eres un pastor dependiente del dinero, si eres un pastor vanidoso que no trata bien a la gente: porque el vanidoso no trata bien a la gente. Dinero, vanidad y orgullo: los tres escalones que nos llevan a todos los pecados. Aunque el pueblo de Dios entiende nuestras debilidades, y las perdona; a estas dos, no las perdona».

Asimismo el Papa ha hablado un poco del «esquema» de su vida, de oración y trabajo. Ha observado que lo ideal es terminar la jornada cansados por las cosas hechas. Y así, ha llegado la siguiente pregunta, sobre la Nueva Evangelización. «Para mí la evangelización supone salir de uno mismo; supone la dimensión del transcendente: el transcendente en la adoración a Dios, en la contemplación y el transcendente hacia los hermanos, hacia la gente. ¡Salir de, salir de! Para mí esto es como el corazón de la evangelización. Y salir significa llegar a, es decir, cercanía. Si tu no sales de ti mismo, no tendrás nunca cercanía! Cercanía», ha explicado el Pontífice.

El Papa se ha detenido también sobre las homilías que son «aburridas» si no hay cercanía. Según ha indicado, en la homilía «se mide la cercanía del pastor con su pueblo». Si uno habla 20, 30 o incluso 40 minutos en la homilía, «habla de cosas abstractas, de verdad de la fe, pero no se hace una homilía, se hace escuela» y «no se está cerca de la gente». De este modo ha recordado que las homilías no son «conferencias», deben ser «otra cosa»: «supone oración, supone estudio, supone conocer a las personas a las que hablarás, supone cercanía». Sobre la homilía –ha indicado– en la evangelización «debemos ir adelante bastante», porque «estamos retrasados», «ajustar bien las homilías para que la gente entienda». Por ello, Francisco les ha recomendado hacer homilías breves y fuertes, de entre 8 y 10 minutos, porque después «la atención se va».

La última pregunta del encuentro de esta mañana, se ha concentrado sobre cómo seguir el modelo del Buen Pastor. El Papa ha señalado que sobre todo hay que rezar. También es fundamental «la capacidad de encontrarse», «la capacidad de sentir, de escuchar a las otras personas», «la capacidad de buscar juntos el camino». El Obispo de Roma lo ha especificado así: «significa también no asustarse, no asustarse de las cosas. El Buen Pastor no debe asustarse. Quizá tiene temor dentro, pero no se asusta nunca. Sabe que el Señor lo ayuda. El encuentro con las personas por las que se debe tener cura pastoral, el encuentro con el obispo. Es importante el encuentro con el obispos. Es importante también que el obispo se deje encontrar».

Finalmente ha hablado de la amistad sacerdotal, «un tesoro que se debe cultivar entre vosotros». El Santo Padre ha indicado que una amistad sacerdotal es bonita, «cuando los sacerdotes, como dos hermanos, tres hermanos, cuatro hermanos, se conocen, hablan de sus problemas, de sus alegrías, de sus expectativas… Amistad sacerdotal. Buscad esto, es importante. Ser amigos… amigos. Creo que es ayuda bastante a vivir la vida sacerdotal, a vivir la vida espiritual, la vida apostólica, la vida comunitaria y también la vida intelectual: la amistad sacerdotal».

Para concluir, el Papa les ha deseado «ser amigos con los que el Señor os pone delante para la mistad», «la amistad sacerdotal es una fuerza de perseverancia, de alegría apostólica, de valentía y también de sentido del humor».

Recuerda que «el peor seminario es mejor que el no seminario». Nunca hablar mal del otro y si hay desacuerdo decirlo en la cara y rezar por los otros. Ser siempre vigilantes para ser fieles a la vocación

Un estudiante mexicano ha pedido al Papa un consejo sobre cómo estar vigilantes para permanecer fieles a la vocación. La vigilancia, ha respondido, «es una actitud cristiana». Francisco ha precisado que «la vigilancia sobre sí mismo: ¿qué sucede en mi corazón? Porque donde está mi corazón está mi tesoro. ¿Qué sucede allí? Dicen los Padre orientales, que se debe conocer bien si mi corazón está en una turbulencia o mi corazón está tranquilo». Así, el Santo Padre ha señalado que si está en turbulencia, «no se puede ver qué hay dentro. Como el mar, no se ven los peces cuando el mar está así».

Por ello, el Papa ha aconsejado lo que decían pos Padres rusos cuando el corazón está en turbulencia: «Ir bajo el manto de la Santa Madre de Dios». El Papa ha reconocido que alguno podría decirle: ‘Pero Padre, en este tiempo de tanta modernidad buena, de la psiquiatría, de la psicología, en estos momentos de turbulencia creo que sería mejor ir al psiquiatra que me ayude…’ No descarto eso, pero antes que nada ir a la Madre: porque un sacerdote que se olvida de la Madre y sobre todo en los momentos de turbulencia, algo le falta. Es un sacerdote huérfano: ¡se ha olvidado de su madre», ha advertido. El Pontífice ha finalizado su respuesta explicando que «somos niños, en la vida espiritual: ¡esto no hay que olvidarlo nunca! Vigilar como está mi corazón. Y en tiempo de turbulencia, ir a buscar el refugio bajo el manto de la Santa Madre de Dios».

Por otro lado, un seminarista chino ha pedido un consejo al Papa para hacer de la comunidad del seminario «un lugar de crecimiento humano y espiritual y de ejercicio de caridad sacerdotal». Para responder, el Santo Padre ha citado a un viejo obispo de América Latina: «Es mucho mejor el peor seminario que el no-seminario».  Porque «si uno se prepara al sacerdocio solo, sin comunidad, esto hace mal. La vida del seminario, es decir, la vida comunitaria, es muy importante. Es muy importante porque está el compartir entre los hermanos, que caminan hacia el sacerdocio, pero también hay problemas, hay luchas: luchas de poder, luchas de ideas, también luchas escondidas; y vienen los pecados capitales: la envidia, los celos… Y también vienen cosas buenas: las amistades, el intercambio de ideas y esto es lo importante de la vida comunitaria. La vida comunitaria no es el paraíso, al menos el purgatorio», ha afirmado el Papa entre aplausos.

A continuación, Francisco ha añadido que un santo jesuita «decía que la mayor penitencia, para él, era la vida comunitaria. ¿Es verdad no? Pero, por esto creo que debemos ir adelante en la vida comunitaria. Pero, ¿cómo?

Son cuatro-cinco cosas que nos ayudarán mucho: ¡nunca, nunca hablar mal de los otros! Si tengo algo contra otro, o que no estoy de acuerdo: ¡en la cara! aunque nosotros, los clérigos, tenemos la tentación de no hablar a la cara, de ser demasiado diplomáticos, ese lenguaje clerical, ¿no?… Pero, ¡nos hace mal! ¡Nos hace mal!»(aplausos).

Francisco ha contado un hecho sucedido hace 22 años, cuando acababa de ser nombrado obispo, y tenía como secretario un sacerdote joven, ordenado desde hacía algunos meses. En Santo Padre ha indicado que en los primeros meses había «tomado una decisión un poco diplomática –demasiado diplomática– y con las consecuencias que vienen de estas decisiones que no se toman en el Señor». Francisco cuenta que pidió la opinión al secretario. Y él mirándolo en la cara le dijo: iUsted ha hecho mal: usted no ha tomado una decisión paterna’,»y me ha dicho tres o cuatro de esas fuerte (risas). Muy respetuoso, pero me lo ha dicho. Y después, cuando me he ido, pensé: A este no le alejaré nunca del puesto de secretario: ¡este es un verdadero hermano!» Sin embargo, están los que te dicen cosas bonitas delante y después detrás no tan bonitas… (risas)».

Francisco ha insistido en que el chismorreo es la peste de una comunidad. Por ello, ha indicado que «si no tienes la valentía de hablar en la cara, habla con el superior o el director, que él te ayudará. Pero no ir por las habitaciones de los compañeros a hablar mal. Pero, se dice que el chisme sea cosa de mujeres: pero también de hombres, también de nosotros! Nosotros chismorreamos bastante y eso destruye la comunidad. Después, otra cosa es escuchar, escuchar las distintas opiniones y discutir las opiniones, pero bien, buscando la verdad, buscando la unidad: esto ayuda a la comunidad».

Al respecto, el Papa ha contado otro episodio personal de su pasado. Cuando era estudiante de filosofía confesó a su padre espiritual estar enfadado con una persona: «Y él me ha hecho una sola pregunta: ‘Dime, ¿tú has rezado por él?’ Nada más. Y yo dije: ‘No’. Y él se quedó callado. ‘Hemos terminado’, me dijo. (Risas y aplausos). Pero es necesario rezar, por todos los miembros de la comunidad, pero principalmente con los que tengo problemas o por los que no quiero, porque no querer a un persona a veces es una cosa natural, instintiva; pero rezar: el Señor hace el resto. Rezar siempre. La oración comunitaria».

De este modo el Pontífice les ha asegurado que si hacen estas dos cosas la comunidad va adelante, se puede vivir bien, se puede hablar bien, se puede discutir bien, se puede rezar bien juntos.

Refiriéndose a los estudiantes que proceden de Oriente Medio y Ucrania, el Santo Padre ha afirmado que está «muy cerca en este momento de sufrimiento: realmente, muy cerca; y en la oración. Se sufre tanto en la Iglesia, se sufre mucho» y «la Iglesia que sufre es también la Iglesia perseguida en algunas partes, y estoy cerca».

Al responder a una primera pregunta sobre la formación académica, Francisco ha observado que «está el peligro del academismo». Recordó que los obispos les envían aquí «para que obtengan una licenciatura, pero también para volver a la diócesis. Pero en la diócesis es necesario trabajar en el presbiterio, como presbítero». Y ha añadido que los cuatro pilares en la formación sacerdotal son: «la formación espiritual, la formación académica, la formación comunitaria y la formación apostólica.

Reconoció que es verdad que en Roma se subraya, porque para esto fueron enviados «la formación intelectual; pero los otros tres pilares se deben cultivar» de manera que todos los cuatro interactúan entre ellos.  Y añadió que no entendería que un sacerdote venga a realizar aquí en Roma la licenciatura y «que no tenga una vida comunitaria -eso no pude ser- o no cuida la vida espiritual, la misa cotidiana, la oración cotidiana, la lectio divina, la oración personal con el Señor, o la vida apostólica».

Del mismo modo, ha proseguido indicando que «el purismo académico no hace bien: no hace bien», porque el Señor llama «a ser sacerdotes, a ser presbíteros: esta es la regla fundamental. Y hay otra cosa que me gustaría subrayar: si solamente se ve la parte académica, está el peligro de resbalar sobre ideologías, y esto enferma. También enferma la concepción de Iglesia. Para entender la Iglesia es necesario entenderla con el estudio, pero también con la oración, la vida comunitaria y la vida apostólica».

«Cuando resbalamos sobre una ideología, porque somos ‘macrocéfalos’, por ejemplo, y vamos sobre ese camino, tendremos una hermenéutica no cristiana, una hermenéutica de la Iglesia ideológica. Y esto hace mal, esto es una enfermedad. La hermenéutica de la Iglesia debe ser una hermenéutica que la Iglesia misma nos ofrece, que la Iglesia misma nos da. Entender la Iglesia con ojos de cristiano, entender la Iglesia con mente de cristiano, entender la Iglesia con corazón cristiano, entender la Iglesia por la actividad cristiana. Al contrario, la Iglesia no se entiende, o termina mal entendida».

«Por  eso es importante subrayar, sí -indicó el Santo Padre- el trabajo académico» porque fueron enviados para esto, sin entretanto «descuidar los otros tres pilares: la vida espiritual, la vida comunitaria y la vida apostólica».

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